martes, 7 de marzo de 2017

LA VERDAD DEL IMPUESTO DE SUCESIONES EN ANDALUCÍA

En los últimos días se está hablando mucho sobre el Impuesto de Sucesiones en Andalucía. Eso que algunos medios de comunicación han llamado de manera excesivamente espectral “tributo de la muerte”.

La verdad es que, ante la avalancha de informaciones, algunas exageradas y otras poco acertadas o carentes del más mínimo rigor jurídico, se está creando una alarma social que me parece innecesaria. Cualquier artículo redactado por un abogado sobre un tema legal jamás puede ser absolutamente preciso, pues en el derecho existe un elemento al que llamamos “casuísitica” y que significa que, sobre un mismo tema pueden existir multitud de casos distintos. Por tanto, habrá quienes al pagar el impuesto, partan de un patrimonio propio preexistente o por herencia más elevado que otros y por tanto el cálculo siempre será distinto… pero existe una regulación que es igual y general para todos.

En primer lugar, para el cálculo del impuesto existen unos grupos llamados “de parentesco”. No es lo mismo heredar de un padre que de un tío o de un abuelo. En el primer grupo “G I” están incluidos los descendientes o adoptados menores de 21 años (un hijo de 14 por ejemplo, sea natural o adoptado); en el segundo grupo “G II”, se encuentran los descendientes o adoptados de 21 años o más (una hija de 25 o un hijo adoptado de 50…) y también los cónyuges (el esposo o esposa que ha sobrevivido) y los ascendientes (los padres del fallecido, sean padres naturales o adoptantes, o sea que hayan adoptado al fallecido). En los Grupos III y IV se encuentran incluidos los parientes colaterales y grados de parentesco más lejanos y extraños (un hermano, un primo, una tía segunda… del fallecido). Hay que dejar claro que en todos estos grupos se encuentran personas que tienen algún grado de familiaridad con el fallecido.

Los Grupos III y IV tributan en toda España más o menos igual (es decir en todas las Comunidades Autónomas), radicando la diferencia en Andalucía respecto de los Grupos I y II que son los que contienen los parientes más cercanos al causante (un hijo, una madre, una esposa).

En el Impuesto de Sucesiones, el sujeto pasivo (es decir, quien debe pagarlo) es siempre el heredero o los herederos (si fallece mi padre, yo soy sujeto pasivo) y la Base Imponible (o sea, el valor total sobre el que se calcula el impuesto) es el valor neto de la adquisición individual de cada heredero (o causahabiente). Es decir, que si mi madre fallece y deja un patrimonio valorado en 525.000 € y somos 3 hermanos, cada hermano hereda 175.000 €, siendo esa la Base Imponible del Impuesto.

Hasta aquí creo que está todo claro. Pues bien, en Andalucía, desde el 1 de enero de 2.017 existe una exención general del pago del impuesto cuando la herencia recibida por alguno de los parientes de los Grupos I y II (repito, padre del fallecido, hijos del fallecido, madre del fallecido, esposa del fallecido….) asciende a 250.000 € de forma individual, de manera que si por ejemplo fallece un padre dejando un patrimonio de 1.000.000 de euros a 4 hijos, cada uno recibiría 250.000 € y por tanto estarían exentos de pagar Impuesto de Sucesiones (no pagarían ni un céntimo).

La segunda cuestión sería la de la “valoración del patrimonio”. Una cosa es que un padre deje una casa y un piso cuyos valores de mercado (lo que pagaría un comprador) asciendan a 1.000.000 de euros, y otra muy distinta es lo que esos bienes “valen o cuestan” a efectos del cálculo del impuesto.

Casi siempre lo que se hereda es una vivienda, un local, una cochera, un apartamento en la playa… Imaginemos que una madre fallece y deja en herencia a 2 hijos un terreno de 2000 metros cuadrados con chalet de 250 metros en la mejor zona de Marbella y un apartamento de 80 metros cuadrados en Fuengirola. Quizás si el chalet se pone a la venta su precio de mercado sea de 1 millón de euros y el apartamento de Fuengiriola esté valorado en 250.000 €. En total la “valoración de mercado” sería de 1.250.000 € por lo que cada hijo heredaría la nada despreciable suma de 625.000 €, pero el cálculo no se hace así.

El valor de los bienes se calcula conforme a su “valor catastral” que se multiplica por un coeficiente. Así, si el chalet de Marbella tiene un valor catastral de 225.000 € y el valor del coeficiente multiplicador es de 1,25...  el “valor” del inmueble a efectos del cálculo del impuesto será de 281.250 € (nada que ver con el valor real de mercado). Lo mismo se aplica al apartamento de Fuengirola, cuyo valor a efectos catastrales multiplicado por el coeficiente arroja un resultado de 49.950 € (teniendo en cuenta que el valor catastral del apartamento es de 45.000 € y el coeficiente multiplicador es de 1.11 por ejemplo).

En total, el valor a efectos del impuesto de ambas propiedades suma 331.200 € (281.250 € del chalet + 49.950 del apartamento), que dividido entre los dos hijos significa una cuota hereditaria de 165.600 €, lo cual implicaría que al no llegar a los 250.000 € cada uno, ESTARÍAN EXENTOS DE PAGAR IMPUESTO DE SUCESIONES.

En los casos en los que el caudal heredado supere "por persona" esos 250.000 € además, existen reducciones en el pago del Impuesto entre 250 mil y 350 mil euros de la Base Imponible en función del Grupo de Parentesco al que se pertenezca (I y II) o a otros parámetros, extremo éste que minora o reduce aún más el pago...

Esa es la realidad y no otra. Por supuesto que como decía, cada familia será distinta y habrá patrimonios que sumen en valores catastrales y valores a efectos del impuesto millones de euros, pero esos son los menos. Una familia normal con 2 o 3 hijos suele tener una o dos propiedades, y a no ser que sean chalets de super lujo, lo normal es que el valor a efectos del impuesto no sea demasiado elevado por lo que muchas más familias de lo que se cree están exentas de pagar impuesto de sucesiones.

Lo que ocurre es que los políticos se lanzan la pelota unos a otros, y ninguno expone bien las cosas. Ayer leía en Facebook a un diputado nacional del PSOE explicando que el Impuesto de Sucesiones en Andalucía no es tan malo como lo pintan, y la verdad es que tiene razón, pero en vez de describirlo como yo, razonaba una serie de argumentos demagógicos esencialmente dirigidos contra la derecha (que sí la proporcionalidad del impuesto, que si la lucha de clases, que si los ricos deben pagar más…) y siempre en la misma diatriba dialéctica: los rojos son muy rojos y los fachas son muy fachas… pero lo cierto es que ningún político aclara al pueblo llano con ejemplos “reales” el porqué de su argumentación.

Ésta es la mía, la de un abogado normal y corriente cuyo estudio ha sido absolutamente imparcial. Ahora que cada cual saque sus propias conclusiones.

Javier Vilavert. Abogado